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Transporte público seguro para todos: ¿también para la comunidad LGBTQ+?

Este pasado 28 de junio conmemoramos el día Internacional del Orgullo de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Queer y otras personas sexualmente diversas (LGBTQ+).

Pese a los avances en el reconocimiento de sus derechos a nivel internacional y en jurisdicciones domésticas, la discriminación y la violencia basada en género y en la diversidad sexual sigue siendo recurrente en la práctica. Los pocos datos que sugieren que el espacio y el transporte público de ciudades de América Latina y el Caribe (ALC) son lugares con altos riesgos para sufrir discriminación en función de la orientación sexual y la identidad de género. Allí, en lugares hacinados o muy solitarios, en espacios oscuros o muy concurridos, en paraderos, vehículos o andenes, expresar la diversidad sexual abiertamente en el día a día, es una conducta que pone en riesgo la integridad física e incluso la vida de las personas LGBTQ+.

Desde Portland, Massachusetts, y Nueva York, en Estados Unidos, hasta Gauteng en Suráfrica y Bogotá en Colombia, las ciudades están plagadas de discriminación y violencia contra personas transgénero, lesbianas, homosexuales, bisexuales y queer, entre otras (Gordon & Meyer, 2008; Herek et al., 1999; Lubitow et al., 2017; Muholi, 2004; Reisner et al., 2015; Ritterbusch, 2016).

Un estudio realizado en Massachusetts muestra que el 65% de la población LGBTQ+ había sufrido discriminación en el último año, y que el lugar donde habían sufrido mayor discriminación era en el transporte público, con un 36% (Reisner et al., 2015). Específicamente, la literatura ha demostrado que aquellas personas LGBTQ+ que expresan abiertamente su orientación sexual y su identidad de género sufren en mayor medida de esta violencia en el espacio público (Gordon & Meyer, 2008; Herek et al., 1999).

Para entender un poco mejor la situación de violencia y discriminación contra la población LGBTQ+ en el espacio y el transporte público, el Grupo de Investigación de Movilidad Sostenible de la Universidad Nacional de Colombia en Manizales y el Transport Gender Lab del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), están analizando cómo le va a este grupo poblacional en la ciudad de Manizales en Colombia. Luego de haber realizado 240 encuestas con personas LGBTQ+ y heterosexuales y cisgénero en la ciudad, así como varias entrevistas en profundidad, sobretodo con personas entre los 18 y los 25 años de edad, los datos evidencian que la violencia homofóbica contra las personas que expresan abiertamente su identidad de género y su orientación sexual es recurrente.

Las cifras son alarmantes.

Aproximadamente el 17% de quienes expresan su diversidad sexual en el transporte o el espacio público han sufrido intento de violación o violación.

El 72% de este grupo de personas reportan haber sufrido acoso físico.

Este acoso incluye interacciones directas como personas que se masturbaron frente a ellos, intimidación, persecución o manoseo. Por ejemplo, José Pablo* relató una experiencia de acoso físico mientras esperaba el transporte público: “…en una ocasión estaba detrás de la Gobernación caminando y un chico joven (28-30 años) se me acerca y me pregunta la hora y me empieza a acosar, me dice cosas, quedo paralizado porque sacó su pene y empezó a masturbarse delante de mí, la zona estaba súper sola, quedé en shock…” (José Pablo*, entrevista, enero de 2021). Laura* reportó que una vez estaba caminando con su novia por una de las principales avenidas de la ciudad y “un chico en una bicicleta comenzó a acercársenos y bueno nos corrimos y aun así él se siguió acercando y ya cuando pasó le agarro la nalga a mi novia” (Laura*, entrevista, enero de 2021).

El 84% de personas LGBTQ+ que expresan abiertamente su diversidad sexual han sufrido acoso no verbal, como miradas obscenas; y el 71% han sufrido acoso verbal con piropos explícitos y silbidos.

Los datos sobre esta problemática todavía son incipientes. Sin embargo, la violencia contra la población LGBTQ+ no da espera. Si queremos promover una verdadera celebración del orgullo LGBTQ+, el primer paso es visibilizar y recoger información y diagnósticos completos; para analizar los desafíos de movilidad que enfrenta este grupo poblacional y responder a este tipo de violencia basada en género. Además, se debe considerar la construcción y adaptación de infraestructura como buena iluminación, botones de pánico y visibilidad en calles, paradas y vehículos. Es fundamental sensibilizar frente a este tipo de violencia; y promover a través de campañas, talleres, capacitación y educación ciudadana el respeto a la diversidad sexual como elemento fundamental de la democracia; así como promover acciones de atención como protocolos para un efectivo acceso a la justicia por parte de la población LGBTQ+.

La celebración de la diversidad de las personas que se movilizan por nuestras ciudades es clave para crear entornos urbanos realmente incluyentes desde una perspectiva de género.  

Fuente: BID